Mostrando entradas con la etiqueta helena sauras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta helena sauras. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de octubre de 2013

Audio del Relato "La cuerda y el delfín"

Hoy, 10 de octubre, es el Día Mundial de la Salud Mental. Os dejo ese audio, un relato que escribí este verano para tomar un poquito de conciencia. Espero que os guste el audio-relato de "La cuerda y el delfín".


sábado, 7 de septiembre de 2013

Audio del capítulo 20 de "La sal de las heridas"


La sal de las heridas 20

—     ¿Dónde estás?
—     …
—     Tranquila, voy para allá.
Jesús pone la cara más seria que le he visto nunca y nos cuenta:
—     Era María. Está en la puerta del tanatorio. Dice que en nada van a llevar el cuerpo de su hermana y que ella sólo tiene ganas de beber. Voy a buscarla antes de que haga una tontería.
Jesús sale precipitadamente del restaurante y su mujer se queda con nosotros. Los postres llegan y aunque siempre suelen ser mi plato favorito esta vez no puedo con él. El coulant de chocolate se me atraganta y bebo un largo trago de agua para que baje para abajo. Al final me acabo dejando más de la mitad. Los niños piden salir a jugar al parque que hay al lado del restaurante y su madre les dice que sí. El camarero sirve los cafés y cuando ya vamos por el segundo Jesús entra con una María desencajada. Su pelo lo lleva atado en una coleta y su aspecto es deplorable, grasoso y sucio. María se deja caer en la silla al lado de Sara pero al cabo de poco se levanta y se va hacia el lavabo.
—     Está muy mal –dice Jesús y no me queda duda de ello después de haberla visto-. Toda su familia está acudiendo al tanatorio y ella no tiene ganas de hacer ningún papel, me ha dicho que no puede con esto. Que no puede aparentar y oír las maravillas que hizo su hermana en vida y los comentarios de pobrecita.
—     La entiendo –digo-.
—     Cuando alguien se muere, sólo queda el recuerdo de lo bueno que fue aunque en vida hubiese sido un cabrón –comenta Jaime-.
—     Exacto, pero María tiene muy reciente y grabada la putada que le hizo Luz –continua Jesús-. No puede actuar y hacer ver que nunca ha pasado nada. Sus padres están desechos y María me ha dicho que seguro que si hubiera sido ella la muerta seguro que no lo estarían tanto.
—     Vaya –dice Sara y mira hacia la puerta del lavabo-. Cuidado que viene –murmura-.
Nos callamos y vemos como María se acerca hacia nosotros con pasos temblorosos y se vuelve a dejar caer en la silla. Un pesado silencio es el que hay ahora en nuestra mesa hasta que María abre su boca y me dice:
—     ¿Me puedes poner un poco de agua, Elisa?
Le sirvo el poco de agua que queda en la botella y Jesús le pregunta si quiere que pida otra a lo que María asiente. Se la va bebiendo rápido y al fin le entra hipo.
—     ¡Mierda! –masculla María y mira su reloj digital-. Ahora bien seguro que estarán…¡hip! todos allí, mis tíos, ¡hip! mis primos, los vecinos… Todos con buenas palabras, comentado lo buena que era, lo guapa que era… ¡hip!
María aprieta su puño derecho y por un momento creo que va a dejarlo caer sobre la mesa. Bebe otro largo trago de agua sin respirar y parece que el hipo se le quita.
—     Y yo no puedo seguir con esta farsa… -sigue María-. Porque nadie sabe que Luz se acostó con Víctor, ni siquiera mis padres. Les dije que lo habíamos dejado porque no estábamos seguros del paso que íbamos a dar. No lo comprendieron, nadie lo comprendió y encima tuve que escuchar sermones por parte de ellos de que un chico como Víctor no lo volvería a encontrar en mi vida. María, me decían, piénsatelo bien, porque Víctor se los puso en el bolsillo desde el primer día que lo conocieron.
Mientras María habla no puedo dejar de pensar en Luís, en cómo lo he traicionado. Nacho me traicionó a mí, así como Luz y Víctor traicionaron a María. El nudo de infidelidades enredado y complejo me ahoga, yo también me sirvo un poco de agua que bebo con ansia.
—     Si ese era el destino de Luz, ojalá se hubiese muerto antes –oigo que dice María-. De esta forma no hubiera tenido tiempo para acostarse con Víctor.
Todos la miramos sorprendidos, María aprieta los dientes y por último calla. El camarero del restaurante nos indica que ya van a cerrar, son casi las seis de la tarde y Jesús le dice a María que vaya a su casa. Nos despedimos hasta el martes no sin antes volverle a recordarle a Jesús que hable con Luís.
Al volver a casa, Sandra me pregunta directamente:
—     ¿Por qué le has dicho a Jesús que hable con Luís? Elisa… ¿qué ha pasado?
Le rehúyo la mirada y le digo:
—     Me volví a acostar con Nacho.
—     ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Por qué? –y sus preguntas van subiendo de tono-.
—     Porque todavía no lo he podido olvidar, Sandra, por eso…
—     Elisa, Nacho no te conviene, ni antes, ni ahora, entiérralo en el pasado de una vez.
—     ¿Y me puedes decir cómo se hace esto?
—     ¿Lo fuiste a buscar tú? ¿Te buscó él? ¿Qué pasó, Elisa?
—     Vino a buscarme a la salida del trabajo para decirme que volviera con él.
—     ¿Qué? ¿Y tú le dijiste que sí a la primera?
—     Cuando vi sus lágrimas no pude negarme.
—     ¿Qué Nacho lloró?
—     Sí…
—     ¡Lágrimas de cocodrilo!
—     Parecían sinceras, Sandra.
—     Sí, y voy yo y me las creo–dice una Sandra irónica-. ¿Volviste a beber, no?
—     Sí… -y bajo todavía más mi cabeza-.
—     Joder, Elisa, ¿ves como no te conviene?
—     Lo sé… Pero no tengo remedio…
—     ¡Claro que lo tienes! Eso no lo digas nunca. Hundiéndote en la pasividad no, desde luego. Estabas bien con Luís, llevabas un tiempo estable, habías cambiado para bien, y ahora… ¿vas a volver atrás como los cangrejos?
—     No, Sandra, me equivoqué. Pero no me pude resistir a la idea de la playa. Ya lo sé, estoy loca de remate. Por eso vino la policía a buscarme, porque a la mañana siguiente encontraron allí a Luz.
—     ¿Cómo?
—     Sí, pero me dejaron marchar porque la mataron antes de que yo estuviera allí con Nacho. No en el momento en que yo estuve en la playa…
Jaime entra en mi cuarto y nos interrumpe:
—     Rápido, venid a ver las noticias, hablan sobre el caso de Luz.
Corremos rápido por el pasillo y nos sentamos enfrente de la televisión. Han detenido a Nacho como autor del crimen en Portugal, puedo ver una fotografía suya a pantalla completa que me pone los pelos de punta de una intensa sacudida.
—     Elisa, ¿ves como el asesino siempre vuelve al lugar del crimen?
—     … -no puedo responder-.
—     Lo tengo más que claro –dice  Sandra-. Quería inculparte, por eso te hizo ir a la playa.
La duda que ha sembrado Sandra me corroe fulminantemente por dentro.
Continuará...

lunes, 2 de septiembre de 2013

Audio del capítulo 19 de "La sal de las heridas"


La sal de las heridas 19

Me vuelven a hacer varias preguntas que disparan mis latidos. Al final me arrojo al suelo de rodillas y le digo al policía:

—     Señor, yo no he hecho nada. Míreme, no tengo fuerzas para arrastrar un cadáver.

Espero que mis palabras causen el efecto que busco. Mi cuerpo es menudo, comparado con el de Luz, ella aunque delgada era bastante más alta que yo.

—     Siéntese, señorita Mejías –me ordena el policía con voz de trueno-. Dígame ¿qué hacía en la playa a aquellas horas de la noche en pleno mes de diciembre?

—     Había ido con Nacho –dudo un instante- a recuperar el tiempo perdido.

—     Explíquese…

—     Fuimos a estar a solas –me ruborizo por completo-. Necesitábamos intimidad…

—     ¿Y hasta qué hora estuvo en la playa?

—     No me acuerdo, señor, había bebido y lo he olvidado por completo.

—     Y apareció Luz y os sorprendió… -dice él atando cabos-.

—     No, yo a Luz no la vi. No me acuerdo de haberla visto –rectifico-.

—     Pero esto no explica que no fuera capaz de tirarle la piedra que hemos encontrado como arma del crimen.
—    
—     ¿Se acuerda de esto, señorita Mejías.?

—     ¡Ya le he dicho que no me acuerdo de nada! –grito con todas mis fuerzas -.

—     No la presione más –oigo que dice Jesús-.

El policía toma nota de lo poco que le he dicho, entra una policía y le dice que tiene una llamada importante, resopla dejando el aire suspendido unos instantes en el ambiente y sale del cuarto.

—     Jesús –me doy prisa para hablar-. La cosa no pinta nada bien…

—     Elisa, -me tranquiliza con sus palabras-. Es el procedimiento habitual, sino tienen nada más cuando pasen las setenta y dos horas te dejarán ir.

¡Setenta y dos horas! Nada comparado si después vuelvo a ser libre. Mi vocecilla interior está cantando de alegría.

—     Jesús, dile a Luís que lo siento mucho… por todo.

—     No te preocupes, se lo diré –me dice él fijándose en mi mirada apenada-.

Me equivoqué porque soy débil y no tengo voluntad. Si me hubiera plantado delante de Nacho y le hubiera dicho que no tenía nada que hacer, ahora mismo no estaría aquí. Estaría con Luís cumpliendo nuestro pequeño sueño, en la casita rural bañándonos en el jacuzzi y dejando que la vida nos premiara con dulces y tentadores proyectos. Chicos como Luís no se encuentran fácilmente. Mi vocecilla está decidida a volverme a martirizar. Eres una estúpida, Elisa, cómo lo has podido dejar escapar. Un chico que se preocupaba  y que se había enamorado perdidamente de ti. Y tú todavía obsesionada por un recuerdo, por una falacia de sensaciones que no te llevaron a buen puerto. Nacho nunca te ha convenido y lo sabes en tu fuero interno. Te mira y tiemblas, te acaricia y te pierdes, te besa y te arrastras,  te folla y  te olvidas hasta de quién eres. Tienes heridas visuales en tu menudo cuerpo, rastro de tu amor salvaje con él, arañazos del arrebato que te sorprendió en la arena, moratones de la pasión que te abrasó en la playa. Ahora lo tengo claro, las marcas que tengo sobre mi piel son de Nacho, de mi adicción y perdición hacia su persona. Una droga que he esnifado y me ha invadido todos los poros de mi piel. He sucumbido a su poder despiadado por culpa de mi debilidad que ha aniquilado mi voluntad. He vuelto a caer en su red, a estrellarme contra sus labios, a estamparme contra su fuerte cuerpo, a arrojarme por un precipicio sin beneficio ni salvación. Y lo que es peor, he vuelto a beber sin tener sed, sólo buscando la añorada sensación de desinhibición, el placer que me proporciona la primera copa. Ahora, totalmente consciente, me arrepiento de ello, he vuelto a tropezar con la misma piedra que siempre se encuentra en mi camino. Qué fácil hubiera sido esquivarla, y ahora mismo, no estaría en esta sala con Jesús, con el policía que ha vuelto a entrar, con esta tenue bombilla que poco ilumina y me hace sentir tan oscura.

—     Puede irse, señorita Mejías. Ahora le vamos a devolver sus pertenencias.

Me quedo parada, atontada, como si no lo hubiera entendido.

—     ¡Vamos! Dese prisa antes que me lo repiense –dice el policía-.

Me levanto como puedo del asiento, mis piernas tiemblan y les cuesta sostener mi cuerpo.

—     ¿Qué pasa? –quiere saber Jesús-.

—     Los resultados de la autopsia, Luz no murió la noche del miércoles sino antes. Más no puedo decir. Señorita Mejías, intente estar localizable en los próximos días, puede que la volvamos a interrogar.

Paso a otra sala donde me devuelven mi móvil que no tardo en encender, desafortunadamente no hay ni rastro de Luís en él. Llamo a Sandra para decirle que soy libre y me subo al coche de Jesús que me llevará a su piso de nuevo.

Cuando abro la puerta del piso de Sandra, una emoción me recorre de arriba abajo, ella esté esperándome de pie en el recibidor y con sólo verla me abalanzo sobre ella. La abrazo con todas mis fuerzas. Tiene cara de no haber pegado ojo en toda la noche y yo sé que no hago mejor aspecto. Mi cara se hunde en su largo pelo moreno que huele a su champú y me quedó un largo rato así como suspendida en el aire del pequeño recibidor. Jesús que también ha entrado, se pone a hablar con Jaime y de fondo oigo su conversación aunque no paro demasiada atención en lo que dicen. Al cabo de un rato, Ghato sale de la cocina con una salchicha en su boca y se pone en medio de nosotras.

—     Me parece que nos hemos quedado sin segundo plato –dice Sandra alarmada-.

—     ¿Qué has hecho, Ghato? –le riño-.

—     Déjalo, Elisa –se disculpa Jaime-. Olvidé cerrar la puerta de la cocina cuando descongelé las salchichas. Tendremos que ir a comer fuera, no dará tiempo a descongelar nada.

—     Bueno, si no queda otro remedio… -dice Sandra resignada-.

—     Invito yo –me apresuro a decir-. ¿Quieres venir con nosotros, Jesús?

—     No, lo siento. Mi mujer me debe estar esperando.

—     Llámala y dile que se venga, así la conocemos. Y que vengan los niños también.

Jesús me hace caso, coge su móvil y teclea el número de su mujer. Al cabo de un tiempo en el que me he duchado y cambiado de ropa, la mujer de Jesús llama al timbre. Es una mujer bastante atractiva, de bandera, con el pelo rizado que le cae por los hombros, con la cara maquillada tímidamente y un cuerpo muy bien proporcionado. Vaya con Jesús, pienso, qué calladito se lo tenía.

—     Os presento a Sara –dice Jesús-.

Sara me da dos besos y huelo su discreto perfume caro, unas leves notas de jazmín que me encantan.

—     Y estos son Dani y Carlota.

Un niño de unos seis años y una niña de unos ocho me dicen hola educadamente. La niña indudablemente ha salido al padre y el niño es más bien una mezcla de ambos.

—     Ya nos podemos ir –digo yo-.

Cogemos el ascensor en dos turnos y salimos a la calle. Vamos a un restaurante cerca de casa, en el mismo barrio, y de esta manera podemos ir andando. Nos pedimos unos platos de carpaccio de salmón ahumado para  picar y unas chuletas de cordero de segundo. Los niños comerán el menú infantil. Durante la comida evitamos hablar de Luz y de todo lo que ha pasado aunque mis pensamientos no se alejan de ella. Jesús, como siempre, termina contando chistes que me vienen bien para evadirme de todo lo que estoy pensando en esos duros momentos.

—     No sé de dónde los saca –dice Sara-. Cada vez sabe más y lo bueno es que no los olvida-.

—     Con razón se sacó la carrera –comenta Jaime-.

—     Yo no soy buena contando chistes –dice Sandra-. No tengo gracia y al cabo de poco me olvido de ellos. Si te quedas en el paro siempre te puedes hacer humorista, Jesús.

—     No tengáis duda de ello –contesta Jesús con un aire bastante serio que no le pega para nada.

—     Venga, no hagas el payaso –le riñe su mujer-.

Y Jesús rompe con una sonora carcajada que se nos contagia.

En el restaurante, sé que me estoy perdiendo las noticias del mediodía, que posiblemente a estas horas estén diciendo algo nuevo sobre el caso de Luz. Miro nerviosa el reloj, son las tres de la tarde. En este preciso instante el móvil de Jesús empieza a sonar, se levanta de la mesa y  responde:

—     Hola María…


Continuará…


lunes, 19 de agosto de 2013

Más que un juego

Se dejaba seducir por los vocablos pronunciados con una entonación suprema, angelical, de otro mundo. No podía trepar y traspasar los muros de aquel castillo de naipes en donde la ludopatía había arruinado su existencia. Las tragaperras engullían los euros, uno tras otro, en un pozo que parecía no tener fondo. El dinero se lo tragó aquella máquina de música que la llamaba por su nombre, que la arrastraba a aplaudir si se decidía a tirarle un premio.  Había perdido la partida de su vida y soñaba todavía en que algún príncipe trepara por sus trenzas salvándola de aquel mar amarillo, de metal, donde el valor material brillaba con furia. Se sentía una urraca derrochadora de sus bienes. 

Llevaba el pelo muy corto, casi afeitado, por temor a que un amor del pasado se fijara en ella. Irreconocible a los demás, invisible, excepto para el dueño de aquel bar. La Princesa Barbie, como la llamaban en su instituto, había saltado de la torre cansada de esperar que aquel joven se decidiera por ella. Sin paracaídas, caída libre, hacia la perdición autodestructiva de un poco de juego que anhelaba. El amor dejó de serlo cuando se enamoró perdidamente de su profesor.




También te pueden interesar:
                         
        El acosador acosado.                                                      Mensaje en el silencio de una botella.                       .


Más microrrelatos

lunes, 29 de julio de 2013

Las golondrinas que no volverán

Voy a inventarme otra realidad que me invite a participar en la fiesta de la que no he sido invitada. Tú sonreías a la cámara, la música rellenaba el hueco de los altavoces con notas acertadas para acariciar el corazón más lejano. Yo de frente, mirándote a ti, porque el desamor no me había apuñalado. Todavía. Nunca debí cubrirme de escarcha, ocultándome tras el velo del ayer. No volverán las golondrinas a respirar en sus nidos. El tiempo, que pasa frenético, las ha acabado ahogando en el estanque del recuerdo opaco. Estás con otra o eso es lo que me parece vislumbrar entre las fotos de tu muro. Es ella tan diferente a mí o, yo tan parecida a ella, que las sombras femeninas desencajan mi cara por el asombro sufrido.



Otra mañana. Así es como transcurre la mañana monótona. Observándote, bajando la mirada, preparándote lo que queda del desayuno. Callada. Y esas mariposas ya estancadas pueden llegar a ser crueles porque ya no sienten. Sin valor por abandonarte. Así estoy, desnudándome y encajando en la maleta para meterme en su interior.  Vacaciones. Tiempo libre para salir de la rutina del pensar, para desaparecer sin dejar huella. Antes he olfateado tus zapatillas por última vez y te he dejado el periódico con la noticia que el abandono perruno se incrementa en esas fechas. No te olvides de mí.

domingo, 23 de junio de 2013

Cuando las gallinas bailen

Miguel nunca comprendió por qué su papá se había ido de viaje sin avisarle. Tampoco entendió por qué su mamá nunca bailaba desde entonces, ni por qué la alegría se había apagado en su casa, ni por qué el denso silencio lo cubría todo, pegándose en los cristales húmedos de sus ojos, sellando su boca en una palabra contenida.

Cuando salía de la escuela se pasaba siempre por la estación de tren por si su papá se decidía volver. Aunque hiciera mucho frío, aunque sus manos las sintiera muertas a pesar de los guantes de lana que llevaba, él esperaba. Nunca se cansó de hacerlo, con la ilusión de verle inyectada en su mirada  observaba las diferentes personas que bajaban del tren con la maleta en su mano y, hasta que no había bajado la última, no se iba de allí con la esperanza detenida, pero nunca extinguida pues al día siguiente volvía a estar al mismo sitio otra vez. Por si acaso su papá había perdido el tren y decidiera cogerlo al día siguiente. Anhelaba contarle tantas cosas acontecidas en los últimos meses. En el colegio, iban a representar una obra de teatro y él tenía el papel protagonista, el de Pulgarcito, por su estatura chica. En el último partido de fútbol, se había caído y le tuvieron que poner puntos en la pierna derecha y quería mostrarle la cicatriz que le he había quedado. En la ciudad, habían empezado unas obras y quería contárselas porque tenía miedo de que su papá no reconociera su ciudad y no se bajara en la estación adecuada. Eran acontecimientos que tenían valor para cualquier chiquillo y que necesitaban los consejos de un papá atento que por el momento parecía que se retrasaba. Demasiado.

En verano, Miguel nunca supo por qué se tuvo que ir al pueblo a vivir con sus tíos, ni por qué el sol aquel año parecía no brillar con tanta intensidad. Él y su prima Blanca tenían la misma edad aunque no les gustaban las mismas cosas. En el pueblo había pocos niños, todavía era pronto para que llegaran los forasteros ya que lo hacían en agosto y, todavía estaban a finales de junio. A Miguel le gustaba su tío porque le recordaba a su padre, los mismos ojos rasgados, igual nariz acabada en punta y, cuando hablaba, gesticulaba del mismo modo que él, moviendo ligeramente las manos y frunciendo los labios acompañados de frases dichas en un tono suave. No obstante, su mirada imponía respeto. Su tío llevaba una de las granjas de la comarca y se levantaba muy temprano. Él se quedaba con su tía y su prima el resto del día en la casa dedicándose a los quehaceres domésticos y de vez en cuando también salían a andar por el valle, a hacer algunos recados o a vender huevos entre los vecinos.

Aquella tarde soleada Miguel echaba de menos especialmente a su papá porque quedaban dos días para su cumpleaños y no sabía si recibiría una llamada de su progenitor. Quién sí le llamó fue su mamá aunque su llamada contenía la ausencia de emoción, el vacío de palabras pronunciadas como una autómata que Miguel percibió aunque no supo por aquel entonces a qué se debían. Se cortó la comunicación de una manera fría, después de unos minutos de silencio en qué su mamá ya no recordó lo qué decirle.
Desde aquel día Miguel no paró de preguntar a su tía por el paradero de su padre de manera muy insistente. Su tía se encogía de hombros y negaba cualquier información al respecto, decía que no sabía nada pero Miguel nunca la creyó. Por eso le insistía con ganas hasta la saciedad.

—Pero ¿cuando, cuando va a volver papá?
La tía cansada ya de tanta pregunta le respondió
—Cuando las gallinas bailen.

Lejos de parecer un imposible, Miguel se aferró a esa posibilidad como si le fuera su vida en ello. Desde aquella contestación de la que su tía enseguida se arrepintió, Miguel se despertaba antes que el gallo y naturalmente que su tío, se ponía las zapatillas, entraba en el corral y ponía música a las gallinas. Las ponía en círculo para que dieran sus primeros pasos y las intentaba adiestrar. Pero las gallinas se rindieron pronto a sus escasas habilidades para la danza. Simplemente cacareaban y cumplían su función poniendo un huevo diario. Miguel se frustró pero lejos de desistir, como ansiaba el poder ver a su padre, cada día lo intentaba de nuevo.

Cuando llevaba más de quince días con esa persistente rutina, algo cambió en el sabor de los huevos, más consistentes,  siempre de doble yema con un gusto exquisito. Las voces de que aquellos eran los mejores huevos de todo el país se alzaron como una polvareda. Muchos quisieron probarlos, los tíos de Miguel compraron más gallinas y subieron el precio de los huevos porque había mucha demanda. Sus gallinas no bailaban pero daban huevos de oro, su cuenta corriente crecía e incluso algunos los llegaron a subastar.

Miguel a finales de aquel verano estaba como siempre en el corral pero le entró sed y fue a la cocina a buscar un vaso de agua. La puerta estaba entornada y por su rendija se filtraban las siguientes palabras de su tía:
     —  ¿Y qué quieres que le diga al chiquillo? ¿Qué su padre está muerto? Esa es la verdad, pero mira, lo de las gallinas lo bien que nos ha ido.
     —  ¿Pero no te da pena? –le preguntó una vecina-.
     —  Claro que me la da, pobre chico, y con su madre en ese psiquiátrico internada por depresión. Pero Miguel es un chico que se ilusiona fácilmente. Lo del viaje tampoco fue buena idea. Y todo por no decir una verdad dura, sí, pero que se acaba aceptando a duras penas….
A Miguel se le cortó la sed de repente. No volvió a ser el mismo con las ilusiones arrebatadas de cuajo ya no volvió a enseñar a bailar a las gallinas que dejaron automáticamente de producir los buenos huevos que tenían acostumbrados a sus clientes. Una noche le dijo a su tía:
    — ¿Cuándo, cuándo podré ver a mamá?
    —   Pronto, muy pronto –se aventuró a decir la tía-.
Lo que la tía no sabía es que pronto para un chiquillo significa ya y que aquella espera se alargó más de lo debido para Miguel.
Al cabo de unos largos meses Miguel se reunió con su madre y volvió a vivir en su hogar.

Una tarde Miguel la abrazó y le dijo:
—Mamá, baila, aunque sea sola. Pero baila…

Y encendió el tocadiscos en donde giró una melodía favorita para ambos. Su madre empezó a mover las caderas rítmicamente envolviendo sus gestos con ellas. Una bailarina nunca pierde su gracia y ella bailó aquella noche sola hasta que sintió sus pies muy cansados, tanto que se detuvo unos instantes para besar la fotografía de su difunto marido. Le añoraba pero su vida debía continuar junto con Miguel que la necesitaba. Observó a Miguel que se había dormido con la melodía en el sofá del comedor mientras su madre bailaba. Le beso en la frente, le llevó a la cama y le arropó. 


sábado, 15 de junio de 2013

Microrrelato: El espía

Gotas resbalaban por su piel cubierta de fina espuma, arrastrando el sudor, el cansancio y el estrés del día a día. A través de la puerta entornada vio a su mujer por primera vez. Quieto, la observó y una porción de su alma le despertó del sueño monótono. Terminada la ducha, ella volvería a su rutina, él no volvería a mirarla igual, ella le evitaría y, entre silencios, se darían la espalda.


lunes, 10 de junio de 2013

¿Microrrelato o poesía? Ese primer beso

Le gustaría condensar ese primer beso para retenerlo en sus labios prietos, para imaginarlo minutos después, para pintar toda una vida. Ella se marchó para no volver, el lienzo permanecerá inmaculado en su estudio, ¿Regresará?  Se pregunta reiteradamente buscando su aliento en las vigilias. La musa, otra vez inaccesible. Él llora de dolor y pena. La creación se quebró en su boca.


sábado, 8 de junio de 2013

Microrrelato: Mensaje en el silencio de una botella

Empieza el fin de semana para mí, os dejo el siguiente microrrelato de temática romántica de amor contenido, de distancia y cercanía, de indecisión:

Era la última vez que le escribía, a derramar su amor entre palabras confusas y meterlas en una botella de cuello estrecho. La tiraría al mar para que el viento la llevara quizás a alguna isla perdida. El beso contenido en sus labios expresó la indecisión, la soga irremediable al cuello por no decirle lo que sentía. Se quedó mudo, contemplándola a solas desde el portal, con la botella en su mano acompañada de un leve temblor. Suspiró al verla de nuevo, su vecina ni se percató.


viernes, 31 de mayo de 2013

Microrrelato con alma: El acosador acosado

Finalista en el Certamen Literario del Blog AlmaCorazón y Luna.

Presenté el siguiente microrrelato que ha resultado ser finalista. El premio consiste en un libro de la autora Julia Zapata, Luna de otoño, que estoy deseando leer, dedicado por la autora.
Aquí os dejo mi microrrelato:

Un empujón brusco le tiró al suelo frío del recreo. Sorprendido, cayó de bruces, sin tan siquiera poner las manos. Se golpeó la cara y, del fuerte impacto sufrido, un incisivo saltó y se perdió entre la grava. Su sonrisa nunca más le embellecería, tendría que aprender a disimularla. Sus rodillas peladas sangraban sin detenerse. Tan solo una caricia, breve, concisa, amiga, podría aliviarle. Pero en lugar de sentirla en cualquier lugar de su cuerpo menudo y magullado, escuchó burlas de sus compañeros de clase. Se sintió más pequeño de lo que realmente era en la inmensidad de aquel patio, donde ningún profesor parecía haberse dado cuenta de la agresión. O quizás, miraban hacia otro lado porque él no valía nada. Nada.

Completamente indefenso un zumbido le despertó. Estaba húmedo a su alrededor. Otra vez había mojado la cama. Llevaba días con esas pesadillas recurrentes en donde intentaba evitar su significado. En sueños, estaba probando su propia medicina que le dejaba ese mal gusto, áspero, amargo, en la boca. Él era el cabecilla de la clase. ¿Qué pensarían sus amigos si de pronto le tendía la mano a Jesús? Pensarían que se había vuelto loco y le rechazarían pues Jesús era un don nadie. Y en medio de su cuarto de niño, que tenía cualquier capricho que podía desear, anheló tener coraje para interrumpir el acoso que le propinaba diariamente. Como sabía que no tendría valor para ello, dio un puntapié contra la papelera que rebotó contra la pared mientras la rabia le recorría su alma. En su fuero interno, deseaba más que nunca que la mano de Jesús le apretara la suya, porque se sentía un cobarde. Porque huía, sin comprenderlo, de la amistad noble que le podría brindar Jesús mientras su corazón latía aceleradamente de confusión. Si era amor lo que finalmente sentía, ¿por qué le hacía la vida imposible?




domingo, 24 de marzo de 2013

Quatre històries, un destí


OLGA

He viscut poc la vida, ma mare ja m’ho deia que les coses no em serien fàcils. No hi ha cosa més fàcil que veure una pel·lícula, però quan entres a la vida real tot canvia. Responsabilitat? Des del primer dia que em va caure al damunt i em vaig sentir com si la meva vida hagués avançat uns quants anys sense adonar-me’n. Als divuit anys tenia un tros de vida entre les mans que havia nascut de mi i em sentia plena d’amor per compartir. És més, desitjava compartir-lo amb aquesta esperança que havia crescut en el meu interior i formava part de mi. L’Alba va néixer en un dia clar del mes d’agost i com va ser a les sis de la matinada vaig decidir posar-li aquest nom perquè l’alba despuntava les muntanyes de la meva ciutat en aquelles hores mentre sentia que em partia en dos. Fou un dia que sempre recordaré com un moment de por perquè les coses desconegudes sempre en produeixen, malgrat tot, tot va anar molt bé. L’Albert, el meu xicot, estava fet un ram de nervis i quan el van deixar entrar a la meva habitació les paraules no li sortien. Vaig ser jo qui a la fi li vaig parlar per preguntar-li per la nena, que aleshores encara no tenia nom, i de seguida me la van portar ben pentinada i neta. Tenia molt de cabell per ser tan petita i era molt bruna de pell. Es com tu, Olga, em va dir l’Albert quan va poder articular mots i jo vaig assentir però vaig afegir que el nas era arrodonit com el seu. Els dos vam riure i al cap d’una estona va ser quan li vaig demanar que anés al registre i li posés Alba. Se’n va anar i jo em vaig quedar a soles amb la nena durant uns minuts mirant-la com dormia tranquil·lament, fins que va entrar la meva mare a qui havia fet àvia massa aviat. Suposo que en aquell moment ella havia oblidat per complet les seves insistents afirmacions que se’m clavaven com ganivets a la carn cada cop que les pronunciava, pensa-t’ho bé, Olga, em deia, encara hi ets a temps. I jo tenia ganes que el temps anés més de pressa durant aquells tres mesos que ella no va parar de dir-me que avortés. Des de que la prova va donar positiu només se’m va passar pel cap un sol cop de fer-ho i va ser per fer els exàmens de selectivitat però a la fi vaig pensar que d’exàmens n’hi havia molts a la vida. Si aquell no era el meu any, en seria un altre.

Quan vam deixar l’hospital per endinsar-nos en la vida quotidiana, em va agafar claustrofòbia en aquell apartament de lloguer tan petit que ben just que arribava als quaranta metres quadrats. Però és el que ens podíem permetre amb el sou de l’Albert que treballava en una fàbrica de cartró. La vida es limitava a estar pendent de la nena les vint-i-quatre hores, nit i dia sense parar, però el cansament no em va arribar fins més tard, vaig tardar a notar-ho perquè em sentia plena d’energia durant els primers dies. Dormia malament però en el fons em sentia satisfeta, tenia una obligació per complir i era la que em feia aixecar-me per canviar bolquers i preparar biberons. Sabia que el pitjor eren els primers mesos, després tot es suavitzaria un poc i em deixaria una mica de temps per a mi. Volia aprofitar cada moment amb la meva nena perquè el temps passa volant, això també m’ho deia la meva mare que ara estava encantada amb la seva néta. L’Alba creixia, cada setmana guanyava pes a la bàscula de la farmàcia, aviat va pronunciar les primeres paraules i sense adonar-me’n va començar a anar a l’escola.  Va ser aleshores quan jo, pel meu compte, vaig decidir tornar a estudiar a través d’Internet durant les hores que em quedaven lliures i em vaig adonar que no havia perdut facultats durant els últims quatre anys. Em vaig matricular a psicologia i vaig començar el curs amb moltes ganes.

I ara em trobo preparant el comiat de soltera de la Neus, vol que sigui un comiat íntim, entre amigues, només les quatre que des de l’institut hem anat sempre juntes. Jo em vaig distanciar una mica arran el naixement de la meva filla però no per això van deixar de trucar-me i vam continuar mantenint el contacte. Em perdia les festes de cap de setmana, però l’Alba em compensava d’una altra manera i les meves amigues em venien a veure i em feien un resum per posar-me al dia. Hem pensat d’anar a sopar, després anirem a ballar i a escoltar música a les afores de la ciutat. La nena es quedarà a soles amb l’Albert, és la primera nit que surto des de que va néixer però la Neus s’ho mereix. Surt i diverteix-te, em va dir l’Albert abans de marxar i jo li vaig fer un petó a l’Alba i un altre a ell i em vaig sentir rodejada per aquest vincle ample que ens unia als tres. El timbre de la porta va sonar i em vaig trobar amb la Sònia que em venia a buscar, vaig sortir de l’estret apartament, al carrer les coses es veuen més grans i des d’una altra perspectiva.

SÒNIA

Cada cop que veig l’Alba penso que el meu fill tindria ara la seva edat, és una cosa que no puc oblidar i dubto que algun dia ho faci. Avui l’he vist poc perquè no he passat de la porta. L’Olga no volia arribar tard i ja estava preparada, una faldilla verda i una camiseta marró clar era la roba que s’havia posat, les estrenava, jo mateixa li vaig dir que se les emprovés quan vam passar per l’aparador de la botiga. I com no eren peces massa cares em va fer cas i se les va comprar. Havíem sortit per escollir el vestit que lluiríem a la boda i a la fi ens vam comprar més roba que la que necessitàvem amb l’excusa que hi havia canvi de temporada,  no ens vam poder resistir. Ara parlo per mi perquè l’Olga feia temps que no estrenava res, sempre portava els mateixos texans que se li havien anat desgastant i havien perdut el seu color original a força de rentades. I de camisetes a penes en tenia tres, de colors ben diferents, que anava combinant entre sí perquè els texans pegaven en tot. L’Olga gairebé no tenia roba i jo en tenia massa, feia poc que no em cabia dintre de l’armari i n’havia comprat un altre de més petit que vaig posar al costat del que ja tenia. Encara visc amb els meus pares i ells em mantenen, em queda poc per acabar la carrera i combino els estudis amb una feina de monitora de menjador a mitja jornada. Els diners que guanyo em costa estalviar-los i sempre acabo comprant coses que no necessito però és el que hi ha. Sóc una compradora compulsiva, com em diu l’Olga, que des de que estudia psicologia no para de classificar les persones segons diverses patologies que estan descrites als llibres. Compulsiva o no m’agrada anar a l’última moda, el que tinc ho acabo avorrint al cap de poc i sempre necessito tindre més coses. El sou no em dóna per molt, no us penseu, però sempre acabo comprant ofertes que em semblen interessants. Tens un forat a la mà, em diu ma mare i crec que té raó. Quan veig l’Olga amb la seva nena penso que la meva vida hagués estat diferent si hagués seguit el seu camí. Perquè jo també em vaig quedar embarassada als disset, les nostres vides, sense programar-ho, es van entrellaçar però vam agafar camins ben diferents. Ella va agafar el camí difícil, el de pujar una criatura i jo el més fàcil, per dir-ho d’alguna manera. Vaig avortar sense que ningú ho sabés, només ma mare que va posar el crit al cel i entre silencis em va portar a una clínica aquell estiu del 2007. Feia calor però jo només feia que tenir fred, calfreds que em recorrien el meu cos que estava tens i dur com una pedra. Relaxa’t, em va dir l’infermera i jo només podia veure els seus ulls durs, de glaç, que encara em van fer venir més fred i vaig aclucar els meus ulls per no veure res. La intervenció va ser prou ràpida, de seguida vaig ser al carrer amb la meva mare que quasi no em va dirigir la paraula durant el trajecte en cotxe. Ella conduïa, atenta a la carretera, i jo vaig agrair-li aquest silenci. De vegades les paraules sobren. Mirava el paisatge mentre pensava amb el Pep i la cara dura que tenia. Quan va saber del meu estat em va deixar i encara em va fer sentir culpable per no haver-me pres la pastilla del dia després, com si ell no tingués res a veure, va passar de tot i se’n va anar amb la seva moto cagant llets. Em va deixar amb la paraula a la boca i això sé que mai li perdonaré. Quan vaig arribar a casa me’n vaig anar al llit a descansar i el meu pare, que vivia en un altre món, em va preguntar que què havia comprat a les rebaixes perquè ell es pensava que havia anat de compres. Va ser aleshores quan em van entrar ganes de plorar i entre llàgrimes li vaig dir que res i ell no ho va entendre. Coses de dones, li va dir la mare i crec que ell es va pensar que no havia comprat res perquè no havia trobat una talla que m’agradés. Se’n va anar al sofà i jo vaig continuar al llit, bufant i somicant, perquè el fred no desapareixia. Aquella nit no vaig poder dormir i això que mentalment estava molt cansada, a l’endemà va venir l’Olga i la Laura a veure’m. L’Olga portava un vestit ample de color blau cel i jo vaig pensar que entre aquell tros de cel de tela hi havia un fetus i vaig tenir ganes d’apartar-me’n. L’Olga no va entendre el per què la vaig defugir durant tot l’embaràs, ni tampoc la Laura perquè feia campana i ja no estudiava. I es que la nostra tutora també estava embarassada i vaig decidir no anar més a les classes. I entre festes, discos i música,  vaig acabar repetint curs. La Laura sí que va aprovar i se’n va anar a estudiar a fora publicitat i jo vaig posar colzes al curs següent  per treure’m  el batxillerat . Vaig poder entrar a magisteri i ara que estic fent les pràctiques sento que la meva vida transcorre entre nens que podrien ser meus i no ho són. De moment no tinc parella estable però espero algun dia poder ser mare. Diuen que a les bodes es coneix a gent interessant i ara que s’aproxima la de la Neus creuaré els dits. Em posaré un vestit vermell de seda que em va semblar molt elegant i les sabates negres de tacó d’agulla. Qui sap el que m’espera en aquesta vida! Ara l’Olga i jo anem a buscar  la Laura amb el meu cotxe que ja ens deu estar esperant des de fa estona.

LAURA

Aquesta nit m’he vestit el més lentament possible i és que vaig a contracor al comiat de soltera de la Neus. Se’m casa i jo ja no sé el què fer. Des de l’institut que m’agrada però mai he tingut valor per dir-li-ho. Ho vaig intentar fa uns quants anys però les paraules se’m quedaren estancades a la gola i el xiclet que llavors mastegava se’m va paralitzar dintre la boca. Érem a la piscina de casa meva, ella es banyava i jo l’observava encisada des de la tovallola. Li vaig dir que no em volia banyar perquè tenia la regla però va ser una excusa perquè d’aquesta manera la podia observar des d’una altra òptica. Estàvem soles, l’Olga, amb l’embaràs prou avançat, sortia poc de casa perquè es cansava amb la calor i la Sònia, que últimament estava molt estranya, se n’havia anat amb la seva mare a la gran ciutat. La Neus va sortir al cap d’una estona i se’m va aproximar, l’aigua li regalimava pel seu cos bronzejat cobert mínimament per un biquini violeta.  Li vaig apartar un cabell daurat imaginari del pit, ella em va somriure amb aquells ulls blau-verds, que jo creia que només eren per mi  i vaig sentir que una oportunitat com aquella no la tindria mai. Però a la fi no vaig poder, em va faltar valor, perquè la por a una simple negativa d’ella em petrificava  i així em vaig quedar a l’espera d’una altra oportunitat que mai va arribar. Les meves fantasies d’aquells mesos van passar per tots els possibles tons del color violeta, perquè la Neus, al canviar-se de roba, es va oblidar el biquini a sobre el meu llit i jo me’l vaig guardar com un trofeu. Aquell biquini el vaig ensumar repetits cops, una olor dolça, àcida, penetrant i íntima que em feia tenir-la més a prop. Però llavors, entre somnis i fantasies per part meva,  va aparèixer l’Òscar a la seva vida, una nit de finals d’estiu que la Neus em va explicar amb pèls i senyals sense saber el que em va arribar a ferir. Hi ha trens que només passen un cop a la vida, em deia ma mare. I jo vaig agafar-ne un altre en contra direcció que em va allunyar d’ella però no del que sentia. Entre estudis vaig intentar oblidar-la però com els sentiments no es poden controlar a la fi ho vaig deixar per impossible. Vaig sortir, vaig conèixer gent durant aquests anys  i em vaig arribar a perdre per la gran ciutat però mai dels mais vaig sentir per ningú el que vaig arribar a sentir per la Neus.

Aquesta tarda he estat ocupada fent una pràctica del màster que estic fent, un anunci publicitari d’una marca de colònia fresca i desconeguda. He dibuixat dos dofins que surten d’una piscina. Al bell mig he dibuixat el flascó de colònia de color violeta envoltat per uns cabells daurats, sembla mentida com encara aquestes coses que em recorden tant la Neus m’inspiren. Aniré al comiat i sé que les meves alegries seran falses, no vull ni pensar com em sentiré el dia de la boda però el temps avança sense aturar-se...

NEUS

Aquests dies paro boja amb els preparatius, vull que estigui tot a punt i que no falli res. M’he aprimat aquests últims dies dels nervis i m’han hagut de retocar el vestit perquè em feia alguna que altra bossa. Menja, em deia ma mare, però és que el menjar se’m queda travat a la gola i em costa d’empassar-lo. I encara que mengi igual m’aprimo. Estic obrint molts de regals aquests dies amb l’Òscar que es va negar a posar un número de compte a les invitacions de boda. Els avis ens han regalat el viatge de noces, anirem a Itàlia, les meves amigues no entenen perquè me’n vaig tan a prop però jo necessito impregnar-me d’història. Fa poc que he acabat història de l’art però ara estic treballant com a administrativa perquè no he trobat feina del que vaig estudiar. Les hores treballant em passen lentes i voldria ser en un museu que és el meu somni. L’Òscar m’anima a continuar enviant currículums i jo, és clar que ho faig, però de moment no he rebut ni una sola trucada. El dia que el vaig conèixer el món es va aturar per uns moments, havia anat a veure una pel·lícula al cinema i ell estava a la cua. Em vaig fixar amb la seva figura de lluny, i vaig pensar que no m’importaria coneix-se’l i l’atzar va jugar al meu favor perquè quan vaig seure a la butaca el tenia al meu costat i això que els seients anaven numerats. De prop, vaig poder apreciar els seus rínxols castanys i la seva boca carnosa però aleshores van apagar els llums i dels ulls gairebé no m’hi vaig fixar. La pel·lícula avançava i, com era trista, i jo a més a més estava sensible, se m’escapaven llàgrimes dels ulls que lliscaven i em queien al vestit.   Quan van obrir els llums jo tenia la cara irritada com un mapa de tanta llàgrima que havia vessat. No ploris que les llàgrimes no et deixaran veure el bosc, vaig sentir, i llavors sí que em vaig poder fixar amb els seus ulls castanys amb algunes motes de color verd que em van recordar les fulles dels arbres i vaig pensar que si ell fos bosc no m’importaria passar-me la vida arraulida al seu costat. Va ser un amor a primera vista sobtat, la pel·lícula ja mostrava els crèdits però jo no em movia de la meva butaca que sentia que havia agafat la forma del meu cos i a la fi, el supervisor ,va venir per dir-me que si volia veure una altra sessió hauria de tornar a pagar. Em vaig aixecar com vaig poder i a la porta del cinema encara hi era ell, i em va convidar a sopar. Quan em vaig adonar estava al seu pis i ja eren les cinc del matí, havíem sopat menjar xinès i després havíem estat parlant sobre el sofà ocre del menjador. Era professor de filosofia i la seva vida em va semblar interessant, amb divuit anys complits des de feia poc, em vaig deixar enlluernar per les seves paraules que em van traslladar al cap de poc al seu dormitori. Ho vam fer sobre el llit, va ser breu però intens i em va acariciar com mai ho havia fet ningú. A l’endemà vaig pensar que no em tornaria a trucar però em vaig equivocar. A la nit ja tenia una trucada seva a la meva bústia de veu i des de llavors que no ens hem separat, fins i tot hem programat un futur en comú. Ens casarem dissabte que ve i anirem a viure en una casa amb jardí que hem estat preparant amb dedicació durant els darrers mesos. Les meves amigues m’han repetit diverses vegades que he tingut sort. Els somnis de vegades es compleixen em deia ma mare i jo penso que sí, tant de bo algun dia em truquin per treballar en un museu.
Ara truquen a la porta, deuen ser elles, serà l’últim cap de setmana de soltera i penso assaborir-lo, fins i tot ha vingut l’Olga, quasi no la conec amb aquesta faldilla verda que li fa ressaltar les seves corbes femenines a més no poder. Serà una nit per recordar vells temps, mare meva, han posat música i m’estan cantant, quina vergonya! Alguns veïns han sortit a l’escala perquè no estan acostumats a tant escàndol. Perdoneu, ja ens anem!


EL DESTÍ

L’Olga, la Sònia i la Laura havien llogat la granja on esmorzaven quan anaven a l’institut per fer el sopar de comiat. Aquell indret les va abocar a un seguit de records que van anar sorgint conforme avançava la nit. Entre riures li van fer un petit homenatge a la Neus, un mosaic de fotos on sortien totes quatre des de els inicis de l’institut quan s’havien conegut fins a l’actualitat. La idea, encara que era poc original, havia sorgit de la Laura que s’havia passat hores senceres retocant les fotos a l’ordinador i la Sònia li havia escrit un poema tendre. La música era cosa de l’Olga que havia gravat diversos CDs amb les cançons que escoltaven en aquella època. La Neus es va emocionar i la seva emoció es va traslladar a les seves amigues que van acabar plorant, la qui més va plorar va ser la Laura i amb les mans tremoloses va acabar vessant la Coca-Cola que li va mullar el seu vestit violeta. Ben entrada la nit, van abandonar la granja i se’n van anar a ballar a la discoteca que feia temps que no havien tornat a trepitjar. Entre focus, ritmes i música es van endinsar en una altra dimensió, la qui va ballar més va ser l’Olga que va sentir com els peus es movien sols, feia temps que no experimentava aquesta mena de llibertat. De quan en quan anaven a la barra a beure un còctel dolç, tots menys la Sònia que es va privar de beure res amb alcohol perquè era la que conduïa. Ella era la que feia repetits viatges a l’entrada de la discoteca per a poder fumar, la Laura l’acompanyava, aquella nit fumava més que mai amb ànsia, aspirant amb força el cigarret com si fos l’últim de la seva vida. La Sònia li va preguntar repetits cops a la Laura què nassos li passava però ella es negava a respondre. Tenia la mirada tèrbola que la Sònia no va poder desxifrar però sabia que alguna cosa li passava. La Laura suava de pressa però les mans les tenia glaçades, l’alcohol li anava entrant i, a poc a poc, se li instaurava a la ment que abandonava per uns moments la realitat i li quedava un somriure ximplet. La Neus, envoltada de felicitat, també ballava i comptava mentalment els pocs moments que li quedaven per casar-se.

A la fi, els llums de la disco es van encendre, indicant la fi de la nit, dels ulls de totes quatres van sorgir pampallugues per la seva intensitat. Van sortir i van anar cap a l’aparcament. L’Olga va pujar al seient de copilot i la Neus i la Laura al seient de darrera. El cotxe, conduït per la Sònia, va tombar cap a l’esquerra i es va endinsar a la carretera que els portaria a casa. La música sonava pels sis altaveus del cotxe, d’una manera suau i discreta. A la recta la Sònia va pitjar una mica més l’accelerador i es va confiar, la carretera grisa s’estenia solitària a dos quarts de quatre del matí. La Laura va agafar les mans de la Neus i les va acariciar amb petits moviments circulars, tinc les mans glaçades, deixa’m escalfar-me-les amb les teves li va dir a la Neus. I la Neus li va passar fins i tot una mica del seu alè perquè les mans arribessin a una temperatura més humana. La Laura es va sentir viure amb companyia de la Neus i es van quedar amb les mans entrellaçades.

Va ser aquell canvi de rasant qui va fer aparèixer el destí impassible i cruel. Dos fars, es van aproximar al cotxe de la Sònia a una velocitat sorprenent, fins que els van tenir a sobre no els va poder entreveure. No va poder frenar i l’impacte va ser tan colossal que el cotxe, després de pegar varies voltes sobre sí mateix, va sortir disparat de la carretera i es va estampar contra el marge dret, una barrera dura com el marbre. Al costat del marge hi havia un arbre gran, un roure fort, immòbil, que ja havia perdut algunes de les seves fulles.  Van morir totes quatre a l’acte, apagant-se la seva vida en un instant efímer. Ambulàncies, policies i bombers van arribar al lloc de l’accident. L’Emili, que conduïa l’altre cotxe, estava inconscient però va resultar il·lès. Va donar positiu a la prova d’alcoholèmia ja que la superava per diversos punts. El van arrestar, pagaria una condemna per un fet irreparable, injust com la vida mateixa. Del maleter del cotxe de la Sònia van sorgir diverses fotos arrugades, que arrossegades per una vent suau que va començar a bufar, van anar a parar a sota del roure. Aquest roure estaria ple de flors variades durant els anys que vingueren, recordant el fi de la vida truncada de les quatre amigues. Colors vius per recordar-les, des del trenc d’alba fins la posta de sol. I a les nits, malastrugues i solitàries, els estels brillarien a estones abans de ser coberts per núvols de tempesta entre pensaments d’enyor per part de l’Òscar, l’Albert, l’Alba i les quatre mares que no mai van poder acceptar aquest destí. Mirant el cel les recordarien, i entre els records esquinçats, elles viurien per uns instants dintre la vida dels altres.